México es una nación de rezagos y desigualdades. A pesar de que el bienestar es compromiso constitucional y de que todas las fuerzas políticas coinciden en el imperativo de un sistema que ofrezca niveles decorosos de vida, no se ha logrado un modelo capaz de atenuar la pobreza, extender la igualdad de oportunidades y generar un grado básico de prosperidad.
La estrategia de crecimiento por sustitución de importaciones consiguió sostener la capacidad adquisitiva de la población. Entre 1940 y 1970 los incentivos a la industria, acceso a recursos financieros, gasto público en infraestructura, intervención en la regulación económica, prohibición de importaciones y subsidios, lograron importantes niveles de crecimiento, pero el llamado milagro mexicano no erradicó la pobreza. Hacia mediados de la década de 1980, las estimaciones indicaban que casi 60 por ciento era pobre, mientras 35 por ciento enfrentaba pobreza extrema.
El modelo de mercado y liberalización económica adoptado en México luego del agotamiento de la sustitución de importaciones, agravó la pobreza y desigualdad. Si bien es cierto que los altos índices de crecimiento demográfico (hasta 3.5 por ciento anual) plantearon enormes retos en la oferta de empleo, educación, salud y vivienda, no puede ocultarse un componente de exclusión que disparó la desigualdad.
En 1950, 10 por ciento de la población de mayores ingresos era 18 veces más rico que 10 por ciento de los sectores más pobres; para 1970 esta relación llegó a 27, y en 1986 creció 36 por ciento. Según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares, aplicada por el INEGI en 2002, el 10 por ciento más rico concentraba 35.6 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 10 por ciento más pobre, apenas tenía 1.6 por ciento.
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos coloca a México como la novena economía mundial, mientras que el Banco Mundial (BM) lo fija en el lugar 17 en cuanto a niveles de desigualdad económica y social. Aún más. Según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las disparidades en ingreso, salud y educación son marcadas. Oaxaca presenta un IDH de 0.71, similar al de Guyana, mientras que Nuevo León tiene un IDH de 0.85, equivalente al de Argentina. Con la misma metodología, la diferencia entre el DF y Chiapas equivale al abismo que hay entre Portugal y Guinea ecuatorial, pero la nota se agrava al mirar el espacio municipal. Entre Sitalá y Tuxtla Gutiérrez, ambos ayuntamientos chiapanecos, existe la misma asimetría que subsiste entre Nigeria y Uruguay.
Las mediciones del BM sobre nuestro país establecen un ingreso per cápita de cinco mil 910 dólares anuales, él más alto de América Latina, pero las inmensas diferencias entre ricos y pobres muestran un potencial problema de gobernabilidad. En el mismo documento se indica que 28 por ciento de los habitantes de zonas rurales vive niveles de pobreza extrema y 57 por ciento en situación de pobreza moderada; es decir, 85 por ciento de los mexicanos del campo son pobres, como lo prueba el incesante aumento de la migración. Respecto de las zonas urbanas, se explica que 11 por ciento de los habitantes se encuentra en niveles de pobreza extrema y cerca de 42 por ciento en situación de pobreza moderada. Peor aún, la población rural que vive con menos de un dólar al día, es diez veces mayor que la urbana.
La estrategia de combate a la pobreza no varió en los últimos dos sexenios; sólo aumentaron los programas. Cifras de la presidencia de la República indican que el gasto per cápita para superar la pobreza pasó de 321.4 pesos en 1997 a mil 395.9 durante 2006. Dentro del programa Oportunidades, la cobertura creció a cinco millones de familias, que representan 25 millones de personas. La erogación federal para superar la pobreza aumentó de 30 mil 363 millones de pesos a 146 mil 376 millones, pero los resultados prueban que la focalización del gasto sólo atenuó el problema. En tanto no ocurra un sólido y sostenido desarrollo, sólo seguirá fortaleciéndose la cultura a la dádiva gubernamental.
jueves, 2 de agosto de 2007
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5 comentarios:
Cuando nos ponemos a analizar México sólo encontramos fallas, y no es que nos encante ver el lado negro del asunto o seamos demasiado pesimistas pero basta con asomarse a la calle y ver la triste realidad.
Vemos un país con muy mala imagen urbana, descuidada, observas a la gente y las diferencias son marcadisimas, así como la indiferencia de unos con otros, viendonos con cara de delincuentes, circulando a la expectativa de los ladrones, policias o un loco taxista o microbusero.
Es bastante injusto ver como cierran empresas, las embargan porque se atrasan en simples pagos del imss, camiones llenos de cosas listas para rematarlas, maquinaria, herramientas tiradas en la calle. Y por el otro lado un mercado ambulante colgados de la luz, seguidores de un lider politico que les da permiso se ponerse en la calle siempre y cuando les pasen una "mochada" .
La simple autopista del sol que no pueden terminar de repararla, que es carísima y del otro lado del mundo construyendo puentes encima del mar en el mismo lapso de tiempo.
México es un país con muchas necesidades, con gente buena y trabajadora, toda ella queriendo un mejor futuro, un mejor nivel de vida. La pregunta es algún dia podremos avanzar, que se note un cambio significativo, aqui se vive todos los dias la lucha del mas fuerte porque no hay otra forma de sobrevivir.
Necesitamos inversión para generar empleos, empleos bien pagados con salarios justos. Necesitamos que nos den una oportunidad para demostrar que no somos un pais mediocre.
Como ya lo hemos mencionado antes, el principal problema de México es la ideología de la gente, como dice Saraí, es un país en el que sólo sobrevive el más fuerte y por lo tanto, todos se precoupan únicamente por sí mismos, sin pensar en los demás. También coincido con ella en que se necesitan salarios más justos, no es justo que a las personas que trabajan el campo se les pague tan poco por sus productos, o a todas esas comunidades olvidadas que menciona Miguel, es injunsto que no se le de valor a su trabajo. Creo que la economía globalizada y la liberalización comercial ha dejado atrás a todas esas personas, a los artesanos, a los campesinos, a los indígenas, ya no hay lugar para ellos en el México actual. Creo que el gobierno debería de implmentar programas que de verdad funcionen, para ayudar a toda esa gente rezagada a incorporarse al mercado laboral, no se trata de pedir dádivas al gobierno, pero si de que se les brinden las condiciones necesarias para tener un mejor nivel de vida.
El invertir mayor presupuesto en la educación podria contribuir a reducir la pobreza en nuestro pais, existen comunidades de pobreza extrema que resulta ser un circulo, los padres que no tienen esducación transmiten a sus hijos las mismas ideas de resago.
Es necesario capacitar a las comunidades a que la gente aprenda un oficio, tal vez enseñar a la gente a ser autosuficientes, cosechando, poner criaderos de animales, etc. como dice el dicho, si le das pescado a una persona, comera un día, si lo enseñas a pescar comera toda la vida.
la idea es que el gobierno hiciera programas realmente efectivos, para apoyar a estas comunidades, ¿como? capacitando a la gente para que aprenda un oficio, ofrecer mejores condiciones a los inversionistas para desarrollar empleos en comunidades cercanas, etc.
creo que esto podria contribuir al desarrollo de una comunidad.
Siempre he pensado que la solución a todos los problemas que tiene el país es la educación, no podemos esperar un cambio si realmente la gente no se desarrolla integralmente, no se trata de darles comida y dinero a los pobres, lo importante es enseñarles que la vida cuesta trabajo y que todos tenemos problemas, no sólo ellos por su nivel de ingreso menor.
La educación debe incluir como prioridad los valores pues en las familias rezagadas sólo se les enseña a pedir limosna y quejarse de todo, pedir de comer con ojos tristes y ya.
Todos, incluso los pobres, debemos aprender que sólo esforzándose y trabajando es como saldremos adelante.
La respuesta es :más educación y de calidad.
No se trata de darles de comer, sino de brindarles las condiciones necesarias para que se integren a la fuerza laboral y se vuelvan personas productivas para el país. Es necesario capacitarlos para que hagan bien su trabajo y sean personas competitivas que puedan aumentar su nivel de vida. Pero tampoco podemos esperar que todos estudien una carrera universitaria, porque entonces no habría campesinos, ni carpinteros, ni albañiles que son igual de importantes para la sociedad, que un profesionista, el problema es que no se le da el valor suficiente a su trabajo.
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